Etudes et Recherche Le blog des familles

UNA CURA PARA LOUIE

26 Nov 2013

Escribí este ensayo el año pasado, cuando salió el primer tratamiento para el síndrome de Angelman. Ahora existen nuevos fármacos, aún más prometedores que este ( Véase Isis Pharm ), pero la idea general sigue en pie .

Cómo si no hubiese causado suficientes problemas últimamente, voy a publicar este ensayo que escribí el año pasado. Está un poco desactualizado, ya que Topotecan no es el único tratamiento para el Síndrome que pronto saldrá al mercado, e incluso puede no ser el mejor, pero aún así los puntos principales se mantienen.

Nashville , 26 de febrero de 2012, Terry Jo David Bichell

Una cura para Louie

Aprendí, durante un viaje a Nigeria hace mucho tiempo, que el niño que sigue a los gemelos se supone que trae suerte o trae algún tipo de feliz bendición increíble. Recuerdo haber pensado en esa falta de suerte cuando vi la cara aplastada de Louie recién nacido, justo después del corte de su cordón umbilical.

Louie nació en febrero de 1999, dulce, social e insomne al igual que sus hermanas mayores. No nos enteramos hasta un año después, cuando buscamos una razón para su incapacidad para sentarse y gatear y balbucear como todos los otros bebés de su edad, que nacieron sin una pieza fundamental de mi decimoquinto cromosoma. El nació de un buen espermatozoide y un ovulo en mal estado. Irónico, considerando que las dos últimas de sus cuatro hermanas mayores habían venido de un óvulo tan afortunado, que se dividió por la mitad e hizo magníficas gemelas idénticas, brillantes.

El óvulo del que procedía Louie le faltaba un pequeño trozo, mientras que el espermatozoide estaba perfectamente intacto. La falta de ese pequeño trozo de ADN materno, en concreto la falta de un gen particular, Ube3a, causa el síndrome de Angelman. Desde su diagnóstico, he soñado con el Ube3a, meditado, sobre el Ube3a, maldecito al Ube3a y suplicado por el Ube3a. ¿Por qué ese pequeño pedazo se perdió?. ¿Fue por haber bebido cerveza el 4 de Julio en el mes siguiente de su concepción? ¿Fue por mi mal comportamiento en la escuela secundaria y en la universidad? ¿Fue una maldición kármica por las decisiones egoístas como joven adulta? ¿Fue porque el barrio de mis padres en Texas había sido rociado con regularidad con DDT? ¿Fue porque, como buenos cristianos, me aseguraron alguna vez, que únicamente nuestra familia podía manejar un niño con una discapacidad grave, y que habíamos sido elegidos para esta tarea por un poder superior?

Resulta que esta sección del genoma humano es sólo un punto débil en nuestro código genético, un fragmento que es propenso a perderse, o reorganizarse por sí mismo. Estos genes se pierden antes o durante la concepción sin tener en cuenta la edad, el abuso de sustancias, la situación socioeconómica, la raza, el origen étnico, religión o preferencia sexual. Es sólo mala suerte.

Cuando Louie fue diagnosticado con el síndrome de Angelman, nos dijeron, con dudosa sensibilidad, que iba a tener epilepsia grave y retraso mental grave, ahora se conoce como discapacidad intelectual en la terminología de  » la Gente Políticamente Correcta ». Nos dijeron que nunca podría caminar, nunca podría comer normalmente, controlar esfínteres, que iba a ser hiperactivo, que no podría dormir bien y que sería un peligro para sí mismo durante las largas noches de insomnio. Con el cuidado adecuado, podría vivir una vida normal, y que él nunca hablaría ni una palabra. Parecía que mi marido y yo teníamos muy mala suerte.

¿O qué era? Mi marido es un cardiocirujano pediátrico y sus pacientes son bebés que nacen con sólo la mitad del corazón o con la falta de una parte del corazón, o una sección retorcida, o una mitad que no coincide con la otra. Normalmente, el arregla su enorme mala suerte cardiaca y estos delicados bebés salen de la UCI sonrosados y estupendos. Ellos crecen, hacen deporte y vuelven a visitarle para darle la mano.

Nunca dudé de que también habría alguna manera de arreglar la pieza que falta en el ADN de Louie.

Louie tuvo la suerte de haber nacido tan sólo 2 años después de que brillantes científicos Art Beaudet y Joe Wagstaff, hubiesen identificado el Ube3a materno como responsable del síndrome de Angelman. También habían encontrado que el gen normal, compañero en el cromosoma 15 paterno, estaba inactivo, como lo está en todo el mundo. Todos nosotros dejamos “descansar” el Ube3a de nuestro padre, utilizando sólo el Ube3a de nuestra madre, para hacer lo que hay que hacer. Así, a Louie le falta el Ube3a que yo le he dado, y el Ube3a de su padre está ahí sentado, en perfecto estado, pero latente.

Parecía posible, plausible ser capaz de conseguir que el Ube3a de origen paterno se levantara del sofá y fuese a la cocina. Todo lo que teníamos que hacer era activarlo de alguna manera, y tal vez Louie podría caminar, comer, dormir bien, y hablar.

Mi marido y yo usamos todos nuestros medios médicos para ayudar a los científicos brillantes a poner en marcha sus ideas acerca de despertar el gen paterno en ensayos clínicos y en niños reales. A pesar de todos los esfuerzos, nada funcionó. El Ube3a paterno siguió inactivo. Volví a la escuela a los 50 años, para unirme en la búsqueda del santo grial del gen por mí misma, como estudiante de neurología, convencida de que la cura estaba casi visible, accesible, poco más allá de la próxima loma. Y así fue.

En un increíble golpe de suerte, dos jóvenes científicos, Ed Weeber en Florida y Ben Philpot en Carolina del Norte, se unieron a la lucha y de forma independiente se pusieron a trabajar en el problema. En diciembre de 2011, justo antes de las vacaciones, ambos publicaron artículos. El caballero de Carolina del Norte había diseñado uno de esos experimentos simplemente hermosos que ahora puedo apreciar como estudiante neurología. Él utilizó placas de células de un ratón transgénico que tendría resplandor amarillo solo si el Ube3a paterno estaba activo. A continuación, puso una selección de 2.000 medicamentos neuroactivos conocidos y compuestos en las células y esperó a ver cuáles brillaban. Me lo imagino cogiendo la placa con un color amarillo brotando, y un estudiante universitario novato y gritando: « ¡Eureka! ». O tal vez simplemente pensó que era un error y envió al pobre estudiante acosado al laboratorio para repetir el experimento hasta que se convenció por la evidencia. Sorprendentemente, inesperadamente, una droga, un medicamento contra el cáncer de cerebro, Topotecan, permitió activar al Ube3a paterno, convirtiendo las células de color amarillo. Philpot había encontrado una manera de curar el síndrome de Angelman. La cura.

Pero ¿qué significa curar a una persona con una discapacidad del desarrollo? No ha desarrollado el cerebro de una manera anormal? Muchas personas con el síndrome de Angelman tienen microcefalia, cabezas pequeñas. ¿Eso no significa que sus cerebros no han crecido lo suficiente? ¿Eso no significa que el trastorno es irreversible?

No necesariamente. Se trata de una cuestión de la estructura frente a la función. Si el cerebro de Angelman está construido de manera diferente que el cerebro típico, entonces la curación podría ser algo descabellado. Todas las vías neuronales tendrían que ser desenrolladas y rebobinadas, los canales rellenados y re-excavados, ramificaciones construidas donde no había nada antes. Tal vez no es imposible de solucionar, pero casi.

Por otro lado, si el síndrome de Angelman es una enfermedad sináptica, y todas las neuronas están allí, pero desconectadas, como diplomáticos sin un traductor, entonces tal vez la curación podría ser suministrar el ingrediente que falta y las neuronas podrían entrar en acción. Unos días antes de la investigación de Philpot, salió justo antes de Navidad de 2011, el Dr. Ed Weeber publicó un estudio aparte, en otra cepa de ratones adultos Angelman. Weeber puso el gen Ube3a en los cerebros de estos ratones y los comportamientos de Angelman se normalizaron. ¡Eso es! Ratones en plena madurez con el síndrome de Angelman se mejoran cuando se les proporciona el gen que han perdido. Por lo tanto, no es estructural. Es sináptico!

Weeber demostró que el síndrome de Angelman se puede revertir, y Philpot encontró la droga que puede revertirla. ¡Qué suerte!

Aguanten la respiración. No hay manera de saber si las drogas que Philpot ha identificado mejorarán los síntomas del síndrome de Angelman en los seres humanos, hasta que se pruebe en humanos. Pero, lo que todo esto significa es que es posible que en algún momento en un futuro próximo podríamos dar Topotecan, o alguna otra droga como ésta, a un niño con síndrome de Angelman, tal vez incluso a un adolescente, tal vez incluso a Louie, y revertir los síntomas.

¿Qué significa eso? Podrá Louie inclinarse hacia adelante y decir:  » Pásame la sal, por favor. » ¿Va a correr y saltar ? Va a soñar? Tal vez él nos dirá todas las cosas que le han estado molestando todo este tiempo, contar todas las conversaciones que hemos tenido delante de él y los insultos que hemos dicho a otros conductores mientras él ha estado en el asiento de atrás, sonriendo dulcemente .

Louie ha vivido 13 años en silencio, mimado y atendido. Hemos trabajado mucho con él, le enseñamos “flashcards” leer a primera vista, y nos comunicamos un poco a través de signos y un iPad. Lo hemos arrastrado a dar clases de natación de hipoterapia y cualquier otra terapia que nos daba alguna esperanza. Ha aprendido mucho en todos estos años, pero ¿qué pasa con todas las lecciones que ha perdido, cosas que no ha aprendido o entendido, compañeros de juego y amigos que nunca tuvo, el deporte que nunca ha jugado? Incluso en la familia más activa y consciente, la vida de un niño no verbal con discapacidad intelectual está muy limitada.

Afortunadamente, la sonrisa habitual y la felicidad son síntomas bien conocidos del síndrome de Angelman. ¿Será la “cura » por lo que Louie está tan ansioso y malhumorado e irritable como el resto de nosotros?

¿Importa eso?

Si Louie hubiese nacido sin piernas, y un equipo médico fantástico hubiese inventado un tipo de prótesis que pudiesen serle implantados permanentemente, habríamos corrido a conseguirle un par.

Si Louie hubiese nacido con la mitad del corazón, le habríamos enviado a un cirujano afamado para la fabricación de la otra mitad con su propio músculo y tejido.

Si Louie hubiese nacido con el gen de la enfermedad de Huntington y hubiese sido descubierto el medicamento que podría detener el inexorable deterioro del cerebro causado por la mutación, no dudaría en dárselo.

Curiosamente, las personas que conozco están teniendo un momento muy difícil con la idea de dar a Louie un medicamento que podría curar su retraso mental. Expertos en desarrollo de la discapacidad se revuelven, como si yo estuviera sugiriendo que curásemos el origen étnico de Louie. Los educadores siguen insistiendo, como siempre lo han hecho, que forzar a Louie para aprender habilidades académicas es una pérdida de tiempo. Los amigos se resisten, asumiendo que un trastorno del cerebro en realidad no puede ser « curado « , y que estoy imaginando una vida de color de rosa. Otros padres de niños con síndrome de Angelman se ofenden, indicando que el Síndrome de Angelman no es una « enfermedad”, como la diabetes o el cáncer. ¿Cómo que no?

Es perfectamente aceptable hablar de una cura para el cáncer, a sabiendas de que puede haber efectos a largo plazo de tumores, incluso cuando se han eliminado y que los fuertes medicamentos de quimioterapia pueden causar terribles efectos secundarios.

Pero es muy, muy controvertido hablar de una cura para el retraso mental o discapacidad intelectual, del síndrome de Angelman.

Me han dicho que no utilice irresponsablemente la palabra « cura ». Me han dicho que es mejor decir, en cambio,  » un tratamiento muy potente « , porque la palabra « cura  » puede llevar a los padres nuevos a suponer que sus hijos realmente podrán saltar, tocar el piano o jugar a baloncesto, y obtener un permiso de conducir, y que nosotros no sabemos realmente lo que el medicamento podrá hacer.

Ese es exactamente el punto. No sabemos lo que la droga podría hacer.

Podría dejar que las sinapsis de Louie de repente entraran en juego, hacer conexiones más rápidas, recordar mejor las ideas, recuperar el conocimiento, que los músculos se muevan. Y todo eso podría todavía no permitir que hablase o detener sus ataques, pero podría permitir que él « pensase mejor « , y tal vez eso sería suficiente para llamarlo cura.

El cerebro es una parte de nuestro cuerpo, un órgano simple. Cualquier persona con depresión tratable te lo puede decir, el tratamiento hace que se sientan más en sí mismos mejor que cuando están deprimidos. Una cura para la depresión podría ser un regalo del cielo. El síndrome de Angelman, como la depresión o el alcoholismo es un trastorno cerebral. Me parece más irresponsable, más perezoso, más egoísta, el NO hablar de una cura para el síndrome de Angelman, que enfrentarse a los inevitables efectos colaterales y las decepciones que vendrán junto con alguna droga para el cerebro.

Tenemos que poner en nuestras mentes la idea de que el retraso mental, por lo menos el tipo causado por el síndrome de Angelman, podría ser curado. A lo largo de nuestra vida.

Tenemos que mantener una mente abierta acerca de lo que sucederá en la mente de Louie cuando llegue el « tratamiento muy potente ». Tenemos que seguir educándole tan bien como podamos, para el caso de que algún día sus almacenes de memoria puedan ser desbloqueados. Tenemos que exponerle a tantas situaciones sociales como podamos, para el caso de que algún día pueda aprender a comunicarse bien. Tenemos que prepararnos para cuando pueda curarse.

Louie no es el síndrome de Angelman, sólo tiene el síndrome, al igual que otras personas tienen asma o diabetes o alcoholismo. El seguirá siendo Louie sin síndrome de Angelman, o con el síndrome de Angelman más controlado.

Él seguirá siendo Louie si tiene menos discapacidad intelectual. Y va a ser una suerte increíble.

Traduit de l’anglais  par  Maria Galan Sampedre

op – nov 2013